Javier Martínez Herold

Javier Martínez Herold, Autor de El batiscafoLicenciado en Filosofía, realizó también estudios en el campo del Derecho y las Comunicaciones. Profesor Universitario, entrenador, consultor y enamorado de la educación, es experto en comunicación y en coaching ejecutivo.

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  • De Cuando Estuve en una Charla de Diseño o Que no se nos Pase la Vieja…

    Escrito en En la Escuela. | 26 Julio, 2005

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    Durante un encuentro con estudiantes, el destacado diseñador alemán Thomas Bley señaló que su fichaje como Director de la Escuela de Diseño de la Universidad de Otago, en Nueva Zelandia, tenía que ver con un proyecto de. País declarado por el gobierno y la sociedad neocelandesa.

    Yo estaba presente en ese encuentro, que tuvo lugar en la Universidad Mayor el año pasado, y esa fue una de las cosas que más me llamaron la atención.

    Yo había llegado a tal encuentro sabiendo que Bley había sido el diseñador y Director de uno de los programas de posgrado en Diseño más importantes de Europa, que fue implementado en la Universidad Tecnológica de Colonia; sabía también que había participado activamente en el grupo Frogg, que fue un movimiento que estuvo en la vanguardia del Diseño norteamericano, en la década de los ochenta. Y ahora, su reciente incorporación a la Universidad de Otago tenía que ver con… ¡un proyecto de País¡

    ¿Qué tenía que ver el Diseño con el desarrollo de un País? ¿No tenía el Diseño que ver sólo con peluquerías, ropa y afiches? Pronto entendí, no sin ayuda de Rodrigo Walker, que hasta la silla en que estoy sentado al escribir estas líneas es producto del Diseño; que los computadores, autos y, en general, los objetos que pueblan nuestro mundo, han sido diseñados por alguien. Primera chaucha: la importancia del Diseño.

    Pero, además, me llamaba la atención que un País que, en varios aspectos puede ser comparado con el nuestro, ya tenía una declaración al respecto: no sólo habían sido capaces de llegar un acuerdo en torno de aquello que les daría identidad como País en el futuro, también estaban tomando acción.

    Recordé inmediatamente las conversaciones que, al respecto hay en Chile: que tenemos que mirar Irlanda, Europa Oriental y Nueva Zelandia, que en algún momento vamos a desarrollar una segunda ola exportadora, que el Presidente viaja al Sillicon Valley a buscar oportunidades, etc. Salvo algunas iniciativas y conversaciones de punta lideradas, entre otros, por Fernando Flores, me cuesta imaginar un Chile capaz de ponerse de acuerdo en cuanto al futuro y, más aún, capaz de tomar acción en conjunto con empresas y organismos privados.

    Nueva Zelandia ya fue capaz de declarar que su futuro pasa por la construcción de valor en tres dominios fundamentales: Tecnologías de la Información, Biotecnología y Diseño. Ahí es donde ven una oportunidad de ser protagonistas del futuro.

    Entonces, ¿qué esperamos nosotros para mirar seriamente hacia el futuro y actuar juntos para construirlo? ¿Qué coordinaciones y acuerdos tenemos y de cuáles carecemos para llegar a eso? Probablemente estas preguntas nos conducen a otras conversaciones.

    Sin embargo, el tiempo vuela y “la vieja” pasa cada vez más rápido…

    Y tu, ¿qué estudiaste?

    Escrito en En la Escuela. | 26 Julio, 2005

    Uno de los caminos más apetecidos y valorados en la preocupación por “llegar a ser” ha sido tradicionalmente el de seguir una carrera universitaria. De hecho, uno de los sueños más atesorados por nuestros padres fue siempre lograr que sus hijos fueran profesionales. “Y tu –nos decían- ¿qué vas a ser mañana? ¿Qué vas a estudiar?

    Hace unos cincuenta o cuarenta años, en que el mundo era otro, tenía sentido pensar en “ser” Abogado, Médico o Ingeniero. Eran, más que carreras, identidades para toda la vida. La universidad era para una élite y probablemente era eso lo que la hacía tan valiosa. Para el resto, los que no accedían al olimpo universitario, era de crucial importancia mostrar que contaban con instrucción secundaria completa.

    Hoy el mundo es, definitivamente, otro. Todos estamos llamados a ser universitarios; ya no es gran cosa. Lamentablemente, aquello que le confería el mayor valor, su exclusividad, ya no existe más.

    La masificación del acceso a la universidad ha dado lugar a otras ofertas orientadas a diferenciarse de otros. Pienso, sobre todo, en los cada vez más masivos programas de MBA. Incluso, puedo imaginar a los diseñadores de sueños proyectando post MBAs (ya tenemos post doctorados; ¿vienen los post-post doctorados?).

    ¿Qué es, pues, lo que hace la diferencia? Si la universidad ya no es necesariamente el camino hacia esa “diferencia significativa” inherente a toda identidad valiosa, ¿por dónde tenemos que buscar?

    ¡Usted no Sabe con Quién Está Hablando¡

    Escrito en Temprano por la mañana. | 22 Julio, 2005

    Gente

    ¿Les ha pasado alguna vez? Ya sea en la calle o en algún supermercado, basta que alguien se sienta agraviado u ofendido para largar esa manida frase. También puede ser que más de alguno de ustedes se haya sentido con ganas de lanzársela a otro. A mí me ha pasado.

    Sin embargo, también me he detenido a pensar: y ¿con quién está hablando? Es decir, ¿quién soy yo? Respuesta: nadie (aún y lamentablemente).

    Peor aún, cada vez me toma más trabajo convencer a otros de la maravillosa, seductora y creativa persona que soy.

    Entonces, inauguro este espacio no sólo por la pregunta acerca de mí, sino también con la pregunta de cómo se llega a ser: cómo un chileno medio, un Tapia o Soto (o Martínez) es capaz de apropiarse de su propia vida, con todas sus manifestaciones de grandeza y sus grados de empobrecimiento; con sus caídas, torpezas, resentimientos y terquedad.

    Pero, sobre todo con esa colectiva pasión por llegar a ser.