Javier Martínez Herold

Javier Martínez Herold, Autor de El batiscafoLicenciado en Filosofía, realizó también estudios en el campo del Derecho y las Comunicaciones. Profesor Universitario, entrenador, consultor y enamorado de la educación, es experto en comunicación y en coaching ejecutivo.

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  • El Voluntarismo Idiota de la Autoridad

    Escrito en En la Plaza del Pueblo. | 30 Septiembre, 2005

    zanahoria

    Hoy se celebra el “día internacional sin auto” o algo así. Nadie sabe a quién se le ocurrió ni en qué organismo, pero es una causa lo suficientemente inofensiva como para tomarla en cuenta. Es como “el día sin comer empanadas” o “el día sin lavarse el pelo”. Da lo mismo.

    Sin embargo, en Santiago la autoridad (me acabo de enterar que fue la Intendenta) se lo tomó a pecho y decidió cerrar la Alameda para los autos particulares y habilitar esas pistas para las bicicletas.

    No me referiré aquí al descalabro que hay en estos momentos en la ciudad. Prefiero darle una vuelta a aquel rasgo que intuyo que está detrás de la decisión de la intendenta y que podríamos denominar como El Voluntarismo Idiota de la Autoridad.

    Este rasgo se define como la creencia en la posibilidad de incidir efectivamente en las voluntades y arbitrios de las personas, a través de leyes y golpes de autoridad.

    Esta creencia puede manifestarse de varias maneras. De hecho, muchos profesores lo vienen practicando hacer rato. En el caso aludido podemos especular que la intendenta quiere efectivamente producir algo, pero no atinamos a saber qué. Dudo que la autoridad regional quiera gastarle una broma a la ciudadanía, así que podría tratarse efectivamente de “crear conciencia” respecto de algo, caso en el cual la medida seria doblemente torpe, por el trasunto moral que implica. Y es que la característica central del voluntarismo idiota de la autoridad es que, para que se manifieste, la autoridad debe sentirse situada en una suerte de “ojo de Dios”. Esto es, ve algo que nadie más es capaz de ver o, al menos, eso cree.

    Por ahí tiene que ir el asunto. De otro modo, las alternativas son penosas. Algunas posibilidades:

    a) Los hijos de la Intendenta son fanáticos de las bicicletas y, en una reunión familiar, luego de algunos brindis, lograron sacarle a la mamá la promesa de celebrar con todo el mentado día, cerrando la Alameda y fomentando el uso de las bicicletas. Qué lindo.

    b) La intendenta fue novia de juventud de un alto dirigente del Movimiento de Furiosos Ciclistas, quien la llamó para pedirle un favorcito.

    c) El asesor de imagen de la intendencia tiene dos grandes amigos con quienes se junta a tomar cerveza. Durante las fiestas patrias, ambos le dijeron “¿Te imaginai que se cerrara la Alameda y sólo transitaran bicicletas y mariposas?” La compró de inmediato, lo encontró genial y decidió vendérsela a su jefa.

    d) La intendenta es la gran maestra de un movimiento ocultista que construirá la comunidad que Chile requiere. Este es el primer paso para comenzar a imaginar otro mundo posible. Luego vendrá la extracción de todos los testículos del país para reemplazarlos por un ramo de violetas.

    En fin, todo por la Patria.

    El Fabricante de Leyes

    Escrito en En la Plaza del Pueblo. | 27 Septiembre, 2005

    El fabricante de leyes es un hombre cabal. Sabe que su labor no consiste en escuchar a las masas, sino en conducirlas. En realidad, las personas le importan poco. Le importa más la gloria de ver su nombre inscrito en el piño de los sensatos y, algunas veces, en la causa de Dios.

    Por eso fue uno de los más entusiastas defensores de poner la mayor cantidad de trabas a las personas que tienen sus matrimonios deshechos y solo quieren certificar la defunción de su amor: “deberán primero pasar por las manos de un profesional mediador y esperar algunos años”, -dice- sin atender los irresponsables argumentos de quienes viven atrapados en el sentido común. Por lo demás, quién se atrevería a plantear algo diferente entre tanto discurso sensato y moralino.

    Por eso se esmera tanto en frenar el uso del condón o, en el mejor de los casos, de “estudiar seriamente el asunto”. El fabricante de leyes siempre considera que “hay que estudiar seriamente” cualquier cosa.

    Se sabe un demócrata, pero considera que el sistema binominal “le ha hecho bien al país”. En realidad, él no existiría como fabricante de leyes si no fuera por el sistema binominal, pero eso no importa. Es bueno que el blanco y el negro estén representados en el Congreso, pero no el amarillo o el rojo. Y también es bueno que la gente crea que decide algo, aunque todos los números estén premiados de antemano.

    Por estos días el fabricante de leyes está preocupado de la delincuencia y de la cantidad de libertades otorgadas por los jueces de garantía. Pero se olvida que él ayudó a diseñar el sistema pensando siempre en su gloria personal y animado por la lectura del pensamiento de los íconos de nuestra sensatez y nuestra moralidad pública: “la libertad es el bien más preciado del ser humano”, -recita-, mientras vuelve a subrayar su libro.

    El fabricante de leyes no está solo. Vive en un mundo de sensatez colectiva, en que cada discurso público es mediado por la moralina de la prensa, que recuerda el semblante grave de la presidenta del comité de conducta, ornato y aseo de un tercero básico.

    El fabricante de leyes camina por las calles y sólo escucha los aplausos del pueblo, ese amado pueblo que se deja conducir por tribunos como él. Ignora que de tanto cultivar ideales terminó viviendo en un mundo ideal. No se da cuenta que policías y gente decente le abren paso mientras la ciudad se derrumba en manos de los ladrones, los suicidas, las prostitutas, los amantes furtivos y los vendedores clandestinos de condones y diazepam.

    ¿Dónde está mi oro?

    Escrito en Sobremesa. | 26 Septiembre, 2005

    Es emocionante. Encontraron el tesoro de Juan Fernández. Los piratas se revuelcan en su tumba y el norteamericano que lleva años buscándolo se revuelca en su frustración e incredulidad.

    Lo encontró Arturito, un robot criollo capaz de escrutar el subsuelo hasta encontrar las más bajas pasiones. Ya encontró un cadáver y una bóveda en Colonia Dignidad, terminando con dos acertijos policiales.

    Bonito el robot. Con el hallazgo del tesoro se abrió también la caja de Pandora. Resulta que apenas se supo, el Ministro Bitar, con el espíritu emprendedor que lo caracteriza, dijo que todo pertenecía al Estado Chileno, en virtud de la ley de monumentos nacionales. La empresa que lo encontró respondió que muy bien, que lo saque el Ministerio de Educación y se quede con él. Si lo encuentra, claro.

    El alcalde de la isla dijo que una buena parte del tesoro debe quedar en Juan Fernández, ya que ellos lo guardaron por casi cuatrocientos años.

    Ahora sólo falta que los bolivianos y los peruanos reclamen su parte, ya que el tesoro está, a parecer, compuesto mayoritariamente de oro Inca. España podría ser otro interesado en una tajada; mal que mal, el oro se lo birlaron al Imperio.

    Alguien dijo en el noticiario que el tesoro está avaluado en unos diez mil millones de dólares, por lo que a cada chileno podrían tocarle unos cuatrocientos mil pesos.

    Y eso que el tesoro aún no lo han sacado.

    Fuentes bien informadas me acaban de aclarar que el ayudante del cocinero del barco que cargaba el tesoro era un Martínez, por lo que estimo que tanto a mí como a mis primos, tíos y sobrinos Martínez que hay en todo Chile nos corresponde el mejor derecho.

    En fin, pónganse en la fila…

    ¿Miedo Yo?

    Escrito en Nocturno. | 21 Septiembre, 2005

    Eso era. En esto de ver cómo un González, Tapia o Martínez es capaz de llegar a ser, repasé una por una las habilidades que se requieren. Fue como si estuviera frente a un test de revista femenina, de esas que te invitan a examinar si eres un buen amante, o un buen hijo.

    Luego del examen, seguí sin entender por qué hay espacios de acción en los que no puedo entrar. Había salido relativamente bien parado, pero seguía sin mayores luces acerca de qué debía hacer.

    Hasta que un amigo me dio pistas: “No es que no puedas, es que no te atreves”.

    ¿Qué no me atrevo? Qué más quisiera yo –pensé-.

    Le di algunas vueltas al asunto y, claro, tenía razón. Estoy paralizado por el miedo: a salir mal en la foto, a equivocarme, a que no me quieran, a perder, etc. Peor aún, al huir de los mounstros que me producen temor, quedo a su merced. Es decir, igual salgo mal en la foto, igual me equivoco, etc. Sólo que sigo muerto de miedo.

    Me pregunto si acaso esto me ocurrirá sólo a mí.

    Jefe, no se puede…

    Escrito en Sobremesa. | 16 Septiembre, 2005

    Mision Imposible

    Tengo un amigo que está muy complicado. Resulta que él es un experto en lo que hace y lo sabe. Es muy metódico y cada vez que, según él, no es posible llevar a cabo lo que sus jefes le piden, lo informa con lujo de detalles, además de ofrecer, por lo menos, tres alternativas de acción.

    El problema es que se convence demasiado pronto de que tal o cual acción no es posible y se mueve a partir de ese convencimiento. Y, como si fuera poco, es capaz de tener las explicaciones más convincentes para quien esté dispuesto a escucharlas.

    Sus jefes se dan cuenta, y le dicen que esperarían de él más esfuerzos e imaginación para lograr aquello que “no se puede”, que explicaciones de por qué no se puede. Le piden también que cambie su actitud.

    Él, como es de esperar, sufre con esto; y no es capaz de entender qué tiene que ver su actitud con lo que no es objetivamente posible.

    Por lo menos ya se dio cuenta de que sus jefes no le tienen mala ni son estúpidos, y que ven algo que él no es capaz de ver.

    ¿Tendrá que ver esto con lo que es posible, en general, lograr en la vida?

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