Hortografía legal
Probablemente, alguna vez les ha llamado la atención el lenguaje que usan abogados y jueces cuando ejercen extrañas prácticas destinadas a obtener triunfos legales –unos- y a aplicar la ley –otros.
Los jueces, severos, sólo admiten prácticas explicitadas en alguno de los códigos de procedimiento, en un estilo parsimonioso y sumamente latero. Por ejemplo, a las hojas de un libro, le llaman “fojas”; cuando los abogados quieren agregar algo a un escrito, hablan de un “otrosí”. Al juez se le llama respetuosamente “magistrado” o “usía” (que significa algo así como “su señoría”), aunque el honorable magistrado sea un carajo.
Los escritos tipo comienzan con siutiquerías como “…yo, etc. etc., a Usía respetuosamente digo: que encontrándome en circunstancias adversas, etc. etc.”
Vistas así las cosas, no puedo sino esbozar una sonrisa al leer la particular guerra que sostiene un honorable magistrado con un novel abogado de la ciudad de Puerto Montt, en relación con la ortografía de sus escritos.
Según dice El Mercurio, el juez se habría escandalizado a tal punto con la brutalidad lingüística del Licenciado, que optó por no aceptar sus escritos. El abogado acudió presuroso a la Corte Suprema, acusando al magistrado de denegación de justicia. La Corte falló a su favor: el juez debe aceptar los escritos. No obstante, éste se queja de que en los escritos aparecen expresiones como “seda el paso”, en vez de “ceda el paso”.
Licenciado en Filosofía, realizó también estudios en el campo del Derecho y las Comunicaciones. Es Consultor de Empresas en el ámbito organizacional, académico, investigador y Consejero de Giro País.








