Javier Martínez Herold

Javier Martínez Herold, Autor de El batiscafoLicenciado en Filosofía, realizó también estudios en el campo del Derecho y las Comunicaciones. Es Consultor de Empresas en el ámbito organizacional, académico, investigador y Consejero de Giro País.

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    Au Revoir Plutón

    Escrito en En el Mercado, Sobremesa. | 27 Agosto, 2006

    g_pluton

    Perdiste Plutón. Te sentías muy seguro, instalado como un miembro pleno del club de los planetas de nuestro sistema solar.

    Estabas tranquilo porque tu grandilocuente nombre recuerda al amo del inframundo, ese que alguna vez raptó a Proserpina, dando lugar a un entuerto mitológico de tales proporciones que, al final, lo único claro fue el surgimiento del invierno. Te dejaste estar.

    No te diste cuenta de que los tiempos que corren hablan de segmentación, de categorización, de diferencia. En suma, que en un mundo globalizado y revuelto no es cosa de llegar e instalarse en un grupo determinado como si nada.

    Antes era más fácil, porque vivíamos en universos mentales más estrechos. Hoy, en cambio, tenemos que habérnoslas con personas de diferentes culturas y maneras de mirar el mundo, con extrañas organizaciones, con dificultades extremas y con una competencia brutal: todos quieren una butaca en primera fila y todos somos esencialmente descartables.

    Lo lamento, Plutón. Sobre todo porque ya me había acostumbrado a la idea de tenerte como noveno planeta. Te queremos mucho, pero no nos sirves.

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    Pendejería

    Escrito en Nocturno. | 15 Agosto, 2006

     

    ¿Por qué te cuesta tanto hablar de aquello que, en definitiva, sabes?

    La Cínica Suavidad Contemporánea

    Escrito en Sobremesa. | 11 Agosto, 2006

    ternura conejo

    La maravilla de la vida está en su inocencia. No importa lo que le achaquemos, ella se desenvuelve sin importarle nada. Nietzsche dijo una vez que los juicios de valor acerca de la vida (léase: “la vida es esplendorosa”, o bien “la vida es cruel”) en último término son estupideces: la vida no puede ser evaluada por un vivo, porque un vivo es parte en la causa, y no juez. Y no puede ser evaluada por un muerto…por otros motivos.

    Aún así, estamos borrachos con interpretaciones acerca de cómo debemos vivir.

    Al observar los espacios en que se desenvuelve mi hija (aparte de los que comparte conmigo, por supuesto), me acerco a una encrucijada perturbadora: o yo estoy definitivamente podrido o la suavidad y refinamiento de las costumbres llegó para quedarse y, más aún, sofisticarse.

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