La Tragedia del Buque-Cigarro
El tres de mayo de 1866 amaneció nublado. En realidad era un día como otros en Valparaíso. Pero no era un día normal.
Varios meses antes, el gobierno se había embarcado en una absurda causa, animado por las huestes americanistas –así se denominaban-, que propugnaban un alineamiento total con cualquier país o comunidad americana que se viera amenazada por
Eran resabios de las guerras de independencia, cuando aún no era posible prever el rumbo que tomarían las jóvenes naciones que surgieron en América, como consecuencia de las guerras napoleónicas.
Chile le había declarado la guerra a España en un acto de solidaridad americanista con el Perú, a la sazón interpelado por una supuesta deuda invocada por
No es el caso relatar la guerra en cuestión, sino la participación que le cupo al admirable genio de Karl Flach, un alemán avecindado en Chile, exiliado más bien, como consecuencia de la revolución de 1848 en Alemania.
Licenciado en Filosofía, realizó también estudios en el campo del Derecho y las Comunicaciones. Es Consultor de Empresas en el ámbito organizacional, académico, investigador y Consejero de Giro País.








