Descríbeme un Zip

Hay una película hecha en Botswana que describe magistralmente el (des)encuentro entre culturas y que, al hacerlo, interpela gran parte de los problemas que acarrean nuestras instituciones educativas, además de anticipar las dificultades que supone convivir planetariamente, tan de moda por estos días.
En la película de marras, alguien que se traslada transparentemente a bordo de una avioneta decide arrojar por la ventana una recién vaciada botella de Coca Cola. La botella cae en medio de la nada a ojos de un occidental tipo, pero de una nada llena de vida, cultura y tradiciones. Una nada llena de personas para quienes la botella en cuestión les resulta tan extraña como a nosotros podría parecernos una foca en la oficina.
En realidad, el asunto es más radical, ya que una foca puede parecernos fuera de contexto dentro de la oficina, pero sabemos lo que una foca es. Aquí la botella proviene del cielo, de los dioses, y su significado es un misterio.
Desde nuestra más tierna infancia asistimos a la escuela para estudiar descripciones sin sentido y sin alma. ¿Cómo incorporar conceptos-botella en nuestras delimitadas visiones del mundo? Memorizándolos, por cierto, lo que puesto frente al desafío de la globalización equivale a permanecer en la noche polar.
El viejo Aristóteles previó de alguna manera el entuerto, llegando a señalar que los conceptos (pensamientos de la estructura de un objeto, como cualquier morsa sabe) pueden ser vistos de dos maneras: en función de su extensión o de su comprensión. O sea que si hablamos de un perro, podemos decir que un perro es una especie de mamífero que ladra, mueve la cola y trata de colarse en el auto cada vez que puede (comprensión) o bien señalar algún cánido cercano diciendo: ¡ése es un perro! (extensión).
Si me describen un perro de la primera manera, jamás llegaré a reconocer alguno ni aunque me muerda (bien podría ser un chupacabras).
Tengo la impresión de que la educación formal sigue debatiéndose en torno a descripciones y conceptos llenos de palabras, vacíos de experiencia y, lo que es peor, cargada de obsolescencia e inutilidad.
¿Cómo vamos a habérnoslas con el ultrarrápido e integrado mundo que nos rodea? ¿Con conceptos?
¿Cómo vamos a encontrar la manera de convivir con el mundo musulmán, por ejemplo, si para ellos hablar con nosotros equivale a padecer una lluvia de botellazos conceptuales y viceversa?
Mientras tanto, un gran número de profesores sigue recitando los sacrosantos conceptos que se supone constituyen el saber, a sabiendas de su inutilidad y de que no hacen otra cosa que fomentar el minucioso odio que sus alumnos les profesan.
Merecido lo tienen. ¿O no?
Licenciado en Filosofía, realizó también estudios en el campo del Derecho y las Comunicaciones. Es Consultor de Empresas en el ámbito organizacional, académico, investigador y Consejero de Giro País.






Me acuerdo de la película… Notable.
También me hiciste recordar a un profe de Matemáticas del Colegio, quien frente a cualquier pregunta referente al método para arribar al resultado de un ejercicio exclamaba: “Por definición, señores”.
Me temo que esto tuvo algo que ver en mi decisión de estudiar Leyes.
Escrito el 05 Abril, 2007 | #
Ese es exctamente el punto. Un abrazo.
Escrito el 05 Abril, 2007 | #
[...] en entradas de El Batiscafo y Recuperando [...]
Escrito el 28 Mayo, 2007 | #