
Me parece que fue en una ya clásica obra del pensador norteamericano Berman Marshall donde leí el relato del momento en que a Charles Baudelaire, el poeta maldito, se le apareció, de pronto, la miseria y la pobreza humanas y, con ellas, la cuestión social.
Como consecuencia de las transformaciones urbanas llevadas a cabo en París entre 1852 y 1870 por Napoleón III y el Barón Haussmann, transformaciones que luego fueron imitadas por ciudades como Berlín, Washington y Buenos Aires, la ciudad dejó de ser un sistema de callejuelas y conventillos para estructurarse en torno a grandes avenidas y bulevares.
Este tránsito de París hacia la condición de la ciudad moderna por antonomasia trajo consigo una inédita transparencia.
Es esta transparencia la que le permite a Baudelaire observar, mientras está sentado en un Café, en un amplio bulevar, la presencia perturbadora de individuos de los que había oído hablar, pero que no había contemplado jamás en la totalidad de su patética condición.
Licenciado en Filosofía, realizó también estudios en el campo del Derecho y las Comunicaciones. Es Consultor de Empresas en el ámbito organizacional, académico, investigador y Consejero de Giro País.








