Javier Martínez Herold

Javier Martínez Herold, Autor de El batiscafoLicenciado en Filosofía, realizó también estudios en el campo del Derecho y las Comunicaciones. Es Consultor de Empresas en el ámbito organizacional, académico, investigador y Consejero de Giro País.

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    Y tú, ¿qué vas a hacer con tu cerebro?

    Escrito en Sobremesa. | 25 Julio, 2007

    cerebros

    Todavía hay quienes confían ciegamente en la ciencia más ingenua. Esa que busca el gen de la estupidez, del mal carácter o de la genialidad.

    Como si fuera tan sencillo descifrar la lógica de las prácticas humanas, y por lo tanto de la realidad, a partir de una fe ciega en la causalidad al estilo de las máquinas cartesianas y en la fisonomía de los cuerpos.

    Hace rato que asistimos al espectáculo de aquellos que hicieron el descarte perfecto: ¿Dónde reside la inteligencia en el ser humano? En su cerebro, claro está. De hecho, se ha demostrado que, sin cerebro, no es posible pensar. Ergo, la inteligencia reside en el cerebro.

    Hace dos siglos, muchos científicos se abocaron a la tarea de encontrar la fisonomía social perfecta. Analizaban rostros de criminales y de santos. Y hasta llegaron a elaborar mapas morales de los rostros humanos. Esto es, llegaron a establecer tipologías propensas al crimen y otras propensas al arte, por ejemplo. Me pregunto si el fascismo no será, acaso, una suerte de “estado de naturaleza”.

    Pero el asunto de los cerebros representa el paroxismo de una manera de pensar (o de no hacerlo). (Leer más…)

    Acuérdate de entonces…

    Escrito en Nocturno. | 09 Julio, 2007

    ¿Te acuerdas de entonces, cuando llevabas contigo un secreto luminoso y cómplice?

    ¿Te acuerdas del tremendo poder que sentías ante el futuro?

    Un paisaje sureño, una noche en el valle, un caracol dormido…

    ¿Te acuerdas de entonces?

    ¿Te suena conocido?

    Escrito en En la Escuela, Nocturno. | 03 Julio, 2007

    plinio

    Piensa en todas aquellas ocasiones en que te escandalizaste al conocer los tejemanejes de ciertos personajes. Piensa, por ejemplo, en el famoso proyecto inmobiliario de Cerrillos. Piensa lo que quieras.

    Te sugiero, no obstante, que te des una vuelta por la historia. No para resignarte, sino para alcanzar alturas mayores.

    Con ustedes, Plinio el Jóven:

    Carta de Gayo Plinio a Mecilio Nepote

    ¿Has oído que el precio de las tierras ha subido, sobre todo en las proximidades de Roma? La razón de esta súbita carestía ha sido el tema de numerosas conversaciones. En los últimos comicios el senado ha expresado su opinión con estas atinadísimas palabras: “que los candidatos no celebren banquetes, ni ofrezcan regalos, ni depositen dinero en manos de agentes (intermediarios)”. De estas prácticas las dos primeras se realizaban tan abiertamente como sin medida, la tercera, aunque se hacía a escondidas, era bien conocida de todos. Luego, nuestro amigo Homulo, aprovechándose oportunamente de la unanimidad del senado, pidió, cuando le llegó el turno de hablar, que los cónsules informasen al emperador del deseo de todos los senadores, y le pidiesen que, como había hecho en casos precedentes, pusiera remedio también a esta corruptela con su providencia. Ha puesto el remedio, pues ha restringido los gastos de los candidatos, esos gastos escandalosos y deshonrosos, mediante la ley contra la corrupción. Además, ha obligado a invertir en bienes inmuebles una tercera parte de su patrimonio, pensando que era vergonzoso, y realmente lo era, que los candidatos a una magistratura considerasen a Roma y a Italia no como su patria, sino como una posada o un albergue, como si se tratase de simples viajeros. Así pues, los candidatos corren de acá para allá; se esfuerzan en comprar cualquier propiedad que han oído que está en venta, y de este modo consiguen que éstas se vendan más caras. Por ello, si estás cansado de tus propiedades en Italia, ahora es el momento, por Hércules, tanto de venderlas como de comprar otras en las provincias, pues los mismos candidatos que las compran aquí, las venden allí. Adiós.

    (Carta 19, libro VI. En traducción de Julián González Fernández, para la edición de las Cartas de Plinio el Joven de la Biblioteca Clásica Gredos.)

    Vía: Tecnología Obsoleta