Javier Martínez Herold

Javier Martínez Herold, Autor de El batiscafoLicenciado en Filosofía, realizó también estudios en el campo del Derecho y las Comunicaciones. Es Consultor de Empresas en el ámbito organizacional, académico, investigador y Consejero de Giro País.

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    La Idiotez al Poder

    Escrito en En la Plaza del Pueblo. | 01 Julio, 2008

    idiota

    Hace algunos años, mientras tomaba un café con un amigo poeta, le pregunté por la polémica que por ese entonces sostenía con otra figura de las letras nacionales. Mi pregunta no era sólo morbosidad: mi amigo poeta había tratado públicamente de idiota a su interlocutor y a mí me parecía demasiado fuerte, sobre todo en un país como el nuestro, en que todo el honor del mundo parece haberse concentrado y donde cualquier mirada extraña que atente contra ese honor es resuelta finalmente por los tribunales de justicia.

    Le pregunté si se trataba de alguna alusión literaria, pensando en el Príncipe Mishkin, aquel bondadoso e ingenuo personaje de El Idiota, de Dostoyevski.

    “Nada de eso –me dijo-. Tiene que ver más bien con lo que entendamos por idiotez”.

    No recuerdo exactamente las palabras con que definió la idiotez, pero recuerdo muy bien el sentido que me hizo y que podríamos formular de la siguiente manera: Idiota es aquel personaje que se cierra a sí mismo posibilidades de acción en el futuro, por su propia mano, claro está.

    Corolarios:

    1. Un idiota no necesita de amenazas, ya que él es su propia y principal amenaza.

    2. Un idiota destroza ingenua y voluntariamente su identidad.

    3. Un idiota que se sabe idiota puede ejercer cierta prudencia, dedicándose a evitar la comisión de idioteces, eso es, la comisión de acciones que atenten, en último término, contra sí mismo.

    4. Un líder idiota es un líder de idiotas.

    Tropiézate en tu propia lengua

    Si me pidieran que diseñara alguna imagen simbólica que representara a nuestro actual gobierno, probablemente sería la de un tipo que se tropieza reiteradamente con su propia lengua. La reiteración podría simbolizarse con alguna de aquellas imágenes que enriquecen la iconografía hindú y que muestran el permanente movimiento de las almas hacia la perfección, por ejemplo.

    Quisiera pensar en que, lo que le ha ocurrido a este gobierno (ojo, hablamos de “lo que le ha ocurrido”; no de lo que “ha hecho”) tiene que ver con una condición humana más profunda, como la que simboliza Sísifo, llevando la roca dificultosamente hasta la cima de la montaña para verla luego rodar cuesta abajo, y empezar todo de nuevo, por siempre.

    Pero ese querer tiene que ver sólo con mi deseo –y el de otros- y también con mi propia frustración. Y es que no sólo voté por este gobierno. Al hacerlo, continué con cierta tradición que se inauguró en tiempos de la Dictadura –aquel tiempo en que aprendimos tanto- y que buscaba la transparencia, el crecimiento en comunidad y la participación. Salíamos de una época canalla y buscábamos la luz.

    Pero nosotros, los de entonces, parece que ya no somos los mismos. Salvo excepciones, el aparato gubernamental se ha poblado de aprovechadores, mediocres y, sobre todo, idiotas.

    El caso del Transantiago parece el más emblemático, pero bien podría reducirse a incompetencia, ya sea para escuchar las prácticas de las personas o para llevar a cabo un proyecto, o ambas. El propósito original era ampliamente compartido por todos.

    La inauguración del Hospital de Curepto supone un mayor refinamiento en la práctica de la idiotez, ya que le agregó un grado importante de contumacia tanto en su ejecución (“dale no más, si nadie se va a dar cuenta”) como en su resolución (“fue todo culpa de un Seremi olvidado por ahí; la Presidencia de la República no tuvo nada, pero nada que ver”).

    Conmovedor.

    ¿Y si hacemos un túnel?

    El asunto del túnel constituye la joya; es la iniciativa que se lleva el primer premio de un concurso estelar, en el que oficiará como jurado implacable el Gran Lama de un mundo de idiotas.

    Confieso que respiro por la herida, al decir de un político tradicional, ya que vivo en el barrio que fuera recientemente destrozado por el Ministerio de Obras Públicas.

    Pero ya no se trata de rogar, pedir o exigir que no lo construyan.

    Antes de eso, fui testigo de conversaciones con funcionarios del MOP, en tiempos del Ministro Bitrán, que manifestaron un asqueroso sesgo ideológico, con argumentos como el siguiente: “el túnel es de interés general y no nos vamos a dejar influenciar por los alegatos de vecinos acomodados”. Creo que hasta disfrutaron su destrucción.

    También planteamos, como Junta de Vecinos, algunas alternativas: “Ok, háganlo, pero sáquenlo por aquí o por acá”. ¿Respuesta? “No, porque sale muy caro”.

    En ese entonces hablaban de una diferencia de 14 millones de dólares, si se acogía la sugerencia vecinal más barata… La ironía está en la cantidad de dinero que el gobierno ha desembolsado en otras iniciativas con mucho menos impacto, y muchas de ellas en virtud de su propia idiotez.

    En fin, ya está hecho. Lo simpático del cuento es que ahora no quieren (o no pueden inaugurarlo), y todo por un pequeño detalle: construyeron un túnel ciego.

    Recordando al Transantiago

    Así como uno de los obstáculos más significativos que tuvo la puesta en marcha del Transantiago fue el hecho de que inauguraron el sistema sin contar con la infraestructura necesaria, aquí también aparece el estilo gubernamental para conducir los proyectos.

    En efecto, al parecer la construcción del túnel se enmarca dentro de un diseño mayor, que contempla la construcción de la Costanera Sur, y de otras vías hacia el Sur de la ciudad. Obras que, por cierto, no existen.

    Aunque, a diferencia del Transantiago, la construcción de carreteras y vías de enlace tiene un costo y una dificultad mucho mayor que construir paraderos, vías segregadas y estaciones intermodales.

    El asunto es que, sin ese diseño instalado, por lo menos, en la imaginación de los funcionarios, no se entiende que hayan hecho un túnel que no tiene hacia dónde salir.

    Veamos por qué:

    El túnel podría salir hacia la avenida Los Conquistadores, que a mi juicio no está lo suficientemente congestionada aún. Sólo que quienes lo hicieran tendrían que permanecer en esa calle, a menos que quieran aventurarse a cruzar el Mapocho por alguno de sus atestados puentes.

    El túnel también podría salir hacia la Costanera, por un puente que están haciendo especialmente para eso. Y eso aunque la Costanera se encuentre ya colapsada y se apreste a recibir obras como “el edificio más alto de Sudamérica”, que incluye un Mall, o las cuatro torres de oficinas que van a construir en el Estadio Santa Rosa de Las Condes o “el segundo edificio más alto de Sudamérica”, en lo que era La Portada de Vitacura.

    ¿Por qué lo hicieron entonces? Yo tengo la teoría de que lo licitaron, lo adjudicaron y luego lo pensaron, pero ya era tarde. Si no lo hacían, tendrían que pagar multas y tal vez alguien pediría una investigación profunda. No hay que olvidar que un funcionario prefiere la muerte a perder su empleo.

    En la fotografía se aprecian las obras del túnel aún inconcluso (a la izquierda, al centro) casi frente a las obras del edificio y mall que están haciendo en la Costanera Andrés Bello ( a la derecha). También se aprecian las canchas de tenis y la psicina de Santa Rosa de Las Condes, lugar donde se levantaran 4 torres de oficinas.

    tunel

    Mientras escribo esto, me acaban de invitar a una reunión de la Junta de Vecinos, para escuchar a los expertos del MOP hablar de las “obras de mitigación”, cuando todos sabemos en qué consiste la única mitigación posible: cambiar el uso de suelo para poder levantar torres de oficinas en lo que era nuestro apacible barrio, y de ese modo salvar el reducido valor de nuestras propiedades, permitiéndonos además poder largarnos a otro lugar.

    Exijo una explicación

    Es tanta mi molestia con lo ocurrido, esto es, padecer la iniciativa idiota de un gobierno idiota, que no me resigno a que esto quede así. Algo bueno hay que sacar de todo esto.

    De partida propongo algunas cuestiones que podrían modificar para mejor nuestro modo de vivir en comunidad:

    En primer lugar, la cuestión de los edificios “más altos” y el mall. Puedo entender que en la zona se quiera levantar modernos edificios de oficinas. Lo que no entiendo es que tales proyectos no se hagan cargo del impacto que generan. Ni siquiera se hacen cargo de la cuestión de la energía, como deben hacerse cargo los megaproyectos que se llevan a cabo en Francia o España, por ejemplo, que cuentan con sus propios medios de generación limpia.

    Otra cosa es lo del Mall. Es los pueblos y ciudades civilizadas de Europa, e incluso en muchos pueblos de Estados Unidos, los Centros Comerciales se permiten únicamente en las afueras de las ciudades. Y esto no sólo por la congestión vehicular que provocan. También porque de ese modo protegen a los pequeños comerciantes y preservan la vida de los barrios tradicionales. Si contásemos con una mínima política al respecto, no estaríamos preocupados por los precios de los medicamentos, sospechando de una concertación entre las tres grandes cadenas farmacéuticas que imperan en nuestro mercado, viendo, por el contrario, cómo florecen las pequeñas farmacias de barrio, cada una con su boticario amigo (para qué hablar de las viejas panaderías o almacenes).

    Me pregunto cómo es posible que la transformación paulatina de nuestra ciudad en un infierno cuente con la anuencia y el auspicio de la autoridad. Ya sé: tal y como pasa con la contaminación del aire, es un problema de años. Pero eso no exime a la actual autoridad de su inoperancia.

    Me pregunto cómo es posible que en un país que se autodenomina “civilizado” pasen cosas como las descritas.

    Sólo me queda orar a los dioses de la permanencia en el tropiezo que las obras emprendidas sean lo suficientemente modernas, además de pretenciosas, como para incluir autos voladores para todos. Aunque no, tampoco es alternativa: si eso ocurriera, también los idiotas volarían, y ya no volveríamos a ver el sol.

    Imagen: www.zonalibre.org

    3 Comentarios »

    1. José comentó

      Describes con maetría la idiotez,que a estas alturas es un fenómeno que al parecer se contagia además como la más peligrosas de las pestes,donde pocos se salvan,me recuerda aquellas épocas de la historia donde la peste bubónica arreciaba.
      No sabía detalles respecto del tunel,realmente escalofriante.
      en Giro País alguíen escribía que los medios no cubrían con la misma fuerza las resoluciones de la Justicia,cuando fallaba frente a actos d eposibles corrupciones,lo que el autor no señalaba,es que generalmente la Justicia-esa es mi convicción-no se atreve a llegar al fondo de las investigaciones.

      Escrito el 06 Julio, 2008 | #


    2. Javier comentó

      Verás José, creo que a veces pedimos a la Justicia respuestas que no está en condiciones de dar. Claro que más de alguien merece ser sentado en la pica, en la plaza de armas y a mediodía. Pero el hecho es que la idiotez es una cualidad que deja huella de inumerables maneras y sentar a alguien en la pica sería como tapar el sol con una mano.

      Al escribirte esto me entero de que han decidido abrir el tunel, aunque sólo en un sentido (sur-norte). Ignoro el monto de las indemnizaciones que el MOP deberá cancelar a la concesionaria por esto, pero de seguro será más de lo que habría pagado por alguna solución alternativa como la propuesta por los vecinos.

      Saludos.

      Escrito el 06 Julio, 2008 | #


    3. José comentó

      Es sin duda una forma elegante de corrupción, a i no me cabe duda

      Escrito el 06 Julio, 2008 | #


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