
A fines de diciembre, poco después de que miles de jóvenes rindieran la PSU, presenciamos una polémica acerca de cuál era el examen más adecuado para aplicar a quienes aspiran a ingresar a la educación superior. Si la actual PSU o la antigua PAA, la prueba de aptitud académica.
El actual examen –la PSU-, nació a partir de la preocupación por proveer un mejor acceso a la universidad a los estudiantes más pobres. En aras de una mayor equidad se privilegió un test que midiera los contenidos de los programas oficiales por sobre la vieja prueba que medía aptitudes, más que conocimientos. Se pensaba que al medir contenidos la brecha entre los estudiantes más pobres y aquellos con mayores recursos se acortaría. Se subsanaría la valla socioeconómica a partir de un parámetro abarcable por todos: los contenidos oficiales están ahí, a disposición de quien quiera aprenderlos. Y ya no se mediría en función de aptitudes, más asequibles para quienes contaban con una situación que les había provisto de destrezas desde la más tierna infancia, en desmedro de quienes, dada su precaria historia de vida, no habían tenido posibilidad de desarrollar tales aptitudes.
(Leer más…)